Agradecer es recibir energía


Cuando nos ofrecen una flor haríamos bien en agradecerlo, también cuando nos devuelven un libro, cuando nos ayudan, o cuando intercambiamos un objeto, un pensamiento, un email o un whatsapp. 

Cuando damos las gracias estamos reconociendo el esfuerzo de alguien. Apreciando su atención, correspondiendo al impacto de sus acciones.

Dar las gracias no sólo nos hace ser más ecuánimes con quienes nos rodean sino que devuelve amabilidad, abre una puerta al entendimiento y la esperanza y muestra que valoramos a la persona a la que agradecemos.

Agradecer es una bella costumbre que hace este mundo más habitable y además es un chollo para nosotros mismos: cualquier regalo que hagamos sin pedir nada a cambio devuelve con creces lo que dimos y llena de gratitud: de energía, alegría y amor.

Darnos cuenta
Pero no solo intercambiamos con las personas, también lo hacemos con el entorno. Existen multitud de fenómenos, sustancias, cosas con las cuales estamos comunicando, que nos están apoyando y ayudando a vivir, que nos devuelven al presente y merecen agradecimiento. Solo hemos de darnos cuenta de ellas, mirarlas, intentar conocerlas y hacérnoslas presentes.

Pensemos en el sol que nos ilumina durante el día y marca nuestro ritmo vital y el de todo lo que vive a nuestro alrededor. El sol nos proporciona el ritmo diario para comer y dormir. No para de alumbrar a un lado u otro de la tierra, nos regala las estaciones del año que marcan los tiempos de crecimiento de las cosechas de las cuales nos alimentaremos o los ritos de pasaje de la vida desde la infancia a la ancianidad.

Nadie lo dirige, nadie envía la orden para que aparezca cada mañana y la tierra se mueva a su alrededor, y sin embargo ahí está regalándonos con generosidad algo sin lo que no podemos vivir: luz.

Advirtamos la tierra bajo nuestros pies que con la gravedad permite el buen funcionamiento de nuestros órganos y sistemas. En las últimas investigaciones hechas con astronautas se ha visto incluso que el cerebro disminuye sus funciones y de tamaño cuando estamos lejos de la órbita gravitatoria. El aire de la atmósfera terrestre nos nutre unas quince veces por minuto y las plantas y árboles ayudan a la purificación de este aire.

También nuestro cuerpo es un gran aliado en la vida. Posee todos los elementos químicos del universo incluido el oro. Realiza millones de funciones en todo momento que nos equilibran y permiten estar sanos la mayor parte del tiempo.

Al sol, a la tierra y a nuestro cuerpo, haríamos bien en atenderlos, porque la atención es una forma de agradecimiento.

La atención es correspondida

A todos nos gusta que nos presten atención cuando hacemos algo, al niño que juega y a quien da una conferencia. Esa atención se transforma en alegría, serenidad y fuerza si quien presta atención lo hace con amor, con deseo de aprender, independientemente de si le agrada el juego del niño o la conferencia que está escuchando.

Lo mismo sucede con la Naturaleza. Cuando agradecemos al sol que está ahí y produce la luz, estamos reconociendo el ritmo que nos proporciona, el contacto de sus rayos en nuestra piel. Así nos unimos con él en el presente lo que nos lleva a engrandecer el momento más importante de nuestras vidas.

Cuando agradecemos a las plantas y árboles de la tierra y les proporcionamos nuestros cuidados, florecen con brillo y color y a nosotros nos proporcionan, como sustancias vivas que son, más y mejor aire para respirar. Cuando agradecemos que respiramos y el aire que entra y sale, observamos el sistema respiratorio, éste lo agradece inclinándose hacia su plenitud y no hacia su compresión.

Cuando agradecemos a nuestro cuerpo que funcione, éste se reconoce y nos corresponde poniéndose a trabajar con suavidad, atención y sosiego para darnos los mejores resultados en aquello que emprendemos.

Iluminar el presente
Agradecer es reconocer y al reconocer iluminamos esta parte de nosotros que agradece y renovamos nuestro lazo de unión con aquello a lo que agradecemos, que a su vez nos proporciona más claridad en las funciones que realiza en el presente. Al iluminar el presente aumentamos nuestro brillo para nosotros y para los demás con serenidad, fuerza y energía.

Seamos agradecidos y demos las gracias en cada momento por el cielo infinito que nos cubre como una bóveda, por el sol, por la tierra, por el mar, por las montañas y los ríos, por el aire que respiramos, por la comida que podemos comer, la ropa que nos abriga.

También, claro, por la pareja, la familia, los amigos y los que nos cruzamos y facilitan la vida a lo largo del día, el panadero, el cajero del supermercado, la vecina amable que siempre saluda, la conductora del autobús, el frutero….


Enviemos esa luz a aquellos que la precisan. Nuestra vida se enriquecerá y tomará una energía nueva, más serena, luminosa, alegre y pacífica. Agradecer es el acto más bello de amor.

Gracias por leer este artículo y que siga la cadena de agradecimiento.

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