CUIDADO! Los bebe son muy delicados.

Los músculos de su cuello no son fuertes y además su cabeza es proporcionalmente más grande y más pesada que la del adulto. Es un gran contrapeso.

Ya sea que lo sacudas porque estás desesperado porque no para de llorar (esto lo vemos con frecuencia con niñeras o cuidadores de poca paciencia), o ya sea que te divierta aventarlo y luego atraparlo para que se ría, el resultado puede ser el mismo: el “síndrome del niño sacudido o zarandeado”.

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Lo que sucede es que la cabeza se sacude como badajo de campana, y el cerebro que está en el interior del cráneo, que es de hueso, se golpea contra las paredes.

Te invito a que hagas este experimento:

1- Consigue una gelatina (de cualquier sabor, no te la tienes que comer).

2- Consigue una caja de madera en donde la gelatina quepa justamente.

3- Toma la caja de madera y sacúdela o aviéntala hacia arriba para luego atraparla.

4- Ahora abre la caja y revisa la gelatina.

¿Cómo quedó la gelatina? No quedó intacta ¿Verdad?

Piensa: El cerebro de un bebé tiene una consistencia similar a la de la gelatina. El cráneo del bebé tiene una consistencia similar a la caja de madera.

Supongo que no será necesario explicar más.

Posibles consecuencias de aventar o sacudir a un bebé:

Pérdida de la audición (sordera).

Daño cerebral.

Convulsiones espontáneas.

Epilepsia.

Ceguera.

Trastornos del lenguaje y del aprendizaje.

Lesiones en la médula espinal.

Muerte. Sí, muerte.

Asegúrate de que nunca, nadie, aviente o sacuda a tu bebé. Si alguien lo intenta tienes el derecho y hasta la obligación de detenerlo, como sea.

Asegúrate de que las personas que se encargan de cuidar a tu bebito cuando tú no estás, sean pacientes, cariñosas y amorosas. 

Y por si las dudas, ilústralos acerca de este riesgo. No sea que jueguen a aventarlo con buenas intenciones.

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